Lo de pintarse las uñas no es para mí

Mi mano izquierda no entiende de normas. Lo confieso. Tiene vida propia, ha decidido dejar todo el trabajo a la mano derecha donde se acumula fuerza y destreza. Bueno, lo de destreza quizá es exagerado. Digamos que mi mano derecha es la que sabe y la izquierda es la que se niega a aprender. Porque ¡oigan! no es que una no lo intente: me animo a comer con la izquierda y acabo perdida de caldo, me lanzó a escribir y ¡nada! no se entiende. ¡Nada! Que ni coger un libro con la izquierda. Se me cansa, me duele, se agota y agota a mi otra mitad. Será que la idea de que tenemos un lado del cuerpo más desarrollado que el otro, no es del todo mentira.

Toda esta agonía por tener un lado vago llega a su momento apoteósico cuando intento pintarme las uñas de la mano derecha. ¿A alguien le quedan igual de bien las uñas de la mano izquierda que las de la mano derecha?

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¡A mí no! Debo confesarlo: odio pintarme las uñas. No es que no me guste verlas pintadas sino que odio el proceso en general. ¡Me parece eterno! Cortar, limar, hidratar, pintar, dejar secar, dejar secar,… dejar secar y ¡mierda! No me he movido ni un centímetro y ya llevo algo pegado en una de mis uñas. ¡Sí! Esas que creía secas cuando aún no lo estaban.

Luego empieza otra agonía, esa de mojar un algodoncillo con acetona sin que el resto de uñas se vean perjudicadas. Para mí: ¡una misión imposible! En serio, decídmelo. ¿Soy un bicho raro?

Aún así, tomo conciencia de ello e inicio el proceso con las más pequeñitas del pie. Esas  que casi todos los zapatos tapan. Le siguen las demás y tomando aire empiezo por la mano derecha. ¡Si! Lo hago así. Me auto puteo empezando por lo más complicado y mientras me pinto más dedo que uña, me mentalizo que eso con una ducha se irá. Una vez finalizada la mano derecha, la izquierda casi ni me cuesta. La pena luego es comparar el resultado entre una mano y otra. Y otra vez mi lado izquierdo se ríe de mi agotado lado derecho. ¡Será cuestión que equilibrar! O quizás invierta unos euros y me pase por la peluquería para que me pinten las uñas mientras mis dos lados; tranquilos y relajados, descansan.

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